El mandatario de 79 años minimizó los rumores sobre su cansancio y detalló sus hábitos médicos, incluyendo el uso de aspirina y su rechazo al ejercicio convencional.
En una reciente entrevista con The Wall Street Journal, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, abordó las crecientes especulaciones sobre su condición física y mental a los 79 años. El mandatario rechazó tajantemente las versiones que indican dificultades auditivas o episodios de somnolencia durante actos oficiales, asegurando que su energía se debe a una herencia genética privilegiada.
«Tengo muy buenos genes», afirmó para desestimar las críticas sobre su edad, la más avanzada para un presidente en funciones.
En cuanto a su rutina médica, Trump reveló que mantiene el consumo diario de 325 miligramos de aspirina para «mantener la sangre fluida», desoyendo la recomendación de sus facultativos de reducir la dosis a 81 miligramos.
Asimismo, reconoció padecer insuficiencia venosa crónica, aunque admitió haber abandonado el uso de medias de compresión por resultarle incómodas. Respecto a los estudios cardiovasculares realizados en octubre, el capitán de la Marina y médico personal, Sean Barbabella, confirmó que una tomografía computarizada no reveló anomalías y que, según análisis de inteligencia artificial, la «edad cardíaca» del presidente equivale a la de una persona de 65 años.
A pesar de los informes oficiales que califican su salud como «excepcional», colaboradores cercanos mencionaron signos de envejecimiento, como una mayor fragilidad en la piel y la necesidad de elevar la voz en reuniones privadas para que el mandatario escuche con claridad.
Trump, por su parte, insistió en que su única actividad física es el golf, calificando de «aburridas» otras formas de ejercicio, y mantiene una dieta que incluye frecuentemente comida rápida, factores que contrastan con los protocolos médicos habituales para su rango etario.
Fuente: NA
