Ricardo Montaner en Rosario: clásicos, fiesta y una noche «iluminada y eterna»

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“Me puse de novia y, desde los 15 años, mi marido ya me cantaba ‘Tan enamorados’. Cada vez que viajamos ponemos su disco a todo volumen en el auto”, comentó una señora mientras esperaba que se apagaran las luces y saliera al escenario Ricardo Montaner. No era la única que aguardaba con emoción: el Metropolitano de Rosario se llenó de grupos de amigas y amigos, parejas, hijos acompañando a sus madres y fanáticos que viajaron desde distintas localidades para reencontrarse con uno de los grandes referentes de la música romántica en español.

La visita se dio en el marco de “El Último Regreso World Tour 2026”, la gira internacional con la que Montaner decidió volver a los escenarios. Tras más de dos años y medio alejado por decisión propia, el cantante retomó el contacto con su público con un espectáculo que repasa cuatro décadas de trayectoria, convirtiendo sus clásicos en el eje central de la noche, funciona así como una declaración: no solo es una vuelta, sino también una celebración de su historia musical. El tour comenzó en Buenos Aires, tuvo una parada obligatoria en Rosario y continuará por distintas ciudades del país antes de extenderse a otros países de América y Europa.

Pasadas las 21, las luces bajaron y sobre el escenario ya estaban ubicados los ocho músicos, todos de traje: trompetas, guitarras, batería, corista, violín y bajo. El público comenzó a aplaudir con fuerza y así apareció Ricardo Montaner, con un impecable traje negro y camisa blanca. Sin decir una palabra, se acomodó en el centro y dio inicio a una noche que prometía recorrer una trayectoria de éxitos en poco más de dos horas.

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Gentileza: Diego de Bruno / Dosdosunoprensa

El estallido de gritos fue inmediato cuando sonaron los primeros acordes de “Yo que te amé”. Desde ese momento quedó marcado el pulso del recital: clásicos que no necesitan presentación. Apenas comenzaban las primeras notas, el público rosarino reconocía la canción y el grito se adelantaba a la voz del cantante.

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Gentileza: Diego de Bruno / Dosdosunoprensa

Clásicos, recuerdos y un Metropolitano que cantó al unísono

En la pantalla apareció una luna gigante que acompañó la escena de “Será”, y, con el pie de micrófono ya frente a él, dejó que el estribillo creciera desde las sillas que se extendían hasta el fondo del Metropolitano. Al llegar al “Será, será, será, será la luna”, las fanáticas se pusieron de pie con los brazos en alto, una postal que se repetiría durante toda la noche.

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Gentileza: Diego de Bruno / Dosdosunoprensa

A un costado del escenario, una pequeña mesa con un vaso de agua marcaba los únicos descansos posibles. Con más de 40 años de trayectoria y 20 álbumes publicados, condensar semejante repertorio en poco más de dos horas exigió un ritmo constante: las canciones se enlazaban unas con otras casi sin interrupciones y cada pausa era apenas suficiente para retomar aire antes de continuar con la balada romántica.

Un foco iluminó el piano y comenzó “A dónde va el amor”. Algunas parejas se tomaron de las manos mientras el cantautor venezolano se mantenía fiel a su estilo: traje impecable, una mano en el micrófono y la otra en el bolsillo, sosteniendo la escena únicamente con su voz potente e inconfundible. En ese mismo clima siguieron “Castillo azul” y “El poder de tu amor”.

“Llévame a la cima del cielo donde existe un silencio total”, cantó, pero esa noche lo único que no hubo fue silencio: miles de voces acompañaron cada palabra y el estribillo se convirtió en un coro masivo.

Recién después de esa seguidilla de clásicos, el venezolano hizo una pausa y habló por primera vez en la noche. “Hace casi tres años me alejé de los escenarios a propósito y utilicé ese tiempo para entrar adentro mío. Muchas veces, en la vorágine de la vida, uno se olvida de eso, de entrar en el detalle”, explicó. Y el detalle, esa noche, era el público frente a él: la cuarta función de su regreso y miles de personas que se sumaron a la convocatoria. “Ojalá que cuando se vayan de aquí lo hagan con el corazón lleno”, deseó al público rosarino.

La música continuó con “El último regreso” y “Ay amor”. Con “Volver”, el canto se extendió por todas las sillas del Metropolitano. La canción, que acompañó a una de las telenovelas argentinas más recordadas y fue una de las tantas que grabó para la televisión, volvió a tender ese puente directo con el público argentino. Él rió, levantó los brazos y recibió el aplauso del Metropolitano colmado.

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Ritmo, risas y un cierre imposible de soltar

“¡Te amo, Ricardo!”, gritó una fanática desde algún rincón del salón. Él frenó y miró hacia el público. “Dios mío, cómo grita esa muchacha. ¡Qué pulmones que tiene!”, respondió entre risas.

A partir de ahí, el show entró en otro tono, más relajado y cercano. Ricardo, que hasta entonces había dejado que hablaran casi exclusivamente las canciones, se permitió jugar un poco más y, en tono de broma, adelantó lo que se venía: un repaso vertiginoso de sus éxitos, muchas canciones en pocos minutos. “En el último recital nos demandaron porque no cantamos todas las canciones. Hoy, cuando llegamos a Rosario, nos pusimos a ensayar. Trajimos a la señora que más se quejaba, le voy a cantar toda la lista que trajimos. Estamos amenazados, nos quieren sacar los equipos”, dijo y el público rosarino se rió a carcajadas.

Entonces, casi sin pausa, se sucedieron algunas de sus baladas más exitosas: “Solo con un beso”, “La mujer de mi vida”, “Ojos negros”, “Yo sin ti”, “Yo puedo hacer”, “Convénceme”, “Resumiendo” y “Quisiera”. Con “Necesito de ti” llegó la excusa perfecta para pedir que todos se pusieran de pie. Ricardo bailó, se rió y jugó con la banda. Bajo las luces de colores que iluminaban el salón y mientras todos se movían de lado a lado, sonó “Soy feliz”, uno de sus clásicos más conocidos.

En medio de ese clima, Montaner apareció con un cambio de look: un traje en tonos verdes que marcaba el inicio de la verdadera fiesta. “Óyeme cachita” y “Vamos pa’ la conga” cerraron el tramo más rítmico de la noche. La famosa frase del tema, “Todos los cubanos salen a bailar”, se adaptó para la ocasión: “¡Y las rosarinas salen a bailar!”, gritó el cantante.

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Gentileza: Diego de Bruno / Dosdosunoprensa

Después, los primeros acordes de “Te adoraré” marcaron el regreso a las baladas. Aunque el público volvió a tomar asiento, la intensidad del canto no disminuyó. Los gritos más fuertes llegaron con “Bésame”, y luego sonó “Me va a extrañar”, que dejó claro que el recital se acercaba al cierre: todos cantaron y gritaron con entusiasmo, entregados al momento.

Las luces se apagaron y el cantante venezolano saludó al público antes de retirarse del escenario, mientras el pedido de “¡otra, otra!” crecía desde el fondo. Nadie estaba dispuesto a irse sin escuchar algunos de los clásicos que faltaban. La banda permaneció en el escenario y fue el pianista quien acaparó todas las miradas al comenzar a tocar “Déjame llorar”. Montaner regresó entonces con un cambio de look. «Iluminada y eterna», así se sintió la noche mientras cada frase del tema envolvía al público en la emoción y el recuerdo.

El cierre “oficial” del recital llegó con “Tan enamorados” , un himno de la música romántica latina y símbolo del repertorio de Montaner. Aunque fue la última canción de la lista, el artista se quedó para hacer un regalo especial a sus fanáticos rosarinos: comenzó a lanzar remeras blancas de su tour al público. “Esta es la mía”, dijo antes de arrojar la última.

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Pero la noche no terminó ahí. Afuera del Metropolitano, un grupo de fanáticas lo vio subir a una camioneta rumbo al hotel y lo siguió algunos metros. Desde la vereda, todavía le cantaban “Tan enamorados”, devolviendo con gritos y emoción un poco de lo que les había dado la noche y cerrando así la postal de un recital inolvidable.

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