Los plátanos de las anchas veredas de barrio Parque parecen unirse en un punto de fuga en su área urbanizada, que contrasta con su extensa ala verde del Parque Independencia. Los vecinos sienten que habitan una comunidad, un lugar especial que teje vínculos a prueba del tiempo y que el origen del lugar, explica el presente.
Hablan con orgullo de lo que consideran su marca registrada: la articulación virtuosa de sus instituciones que permea todos los aspectos de la vida cotidiana.
El barrio Parque, limitado por las avenidas Pellegrini y Francia, bulevar 27 de Febrero y calle Moreno, tiene fecha fundacional, en contraste con las urbanizaciones que sumaron áreas en forma espontánea.
Barrio Parque, Vivienda del Trabajador
Fue el Plan La Vivienda del Trabajador, iniciativa del concejal demócrata progresista Esteban Morcillo, inaugurado en 1928, “el primer proyecto de vivienda social de Rosario, y uno de los primeros del país”, relatan Analia Ruscica, Clara Puntarello y Gustavo Escalante, desde la Asociación civil Club Social Barrio Parque y Biblioteca Popular Dr. Alfredo Franzini Herrera, La Paz 2927, fundada el mes de diciembre del mismo año. Unidos al nacer.
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“La Franzini” es la convergencia en la génesis, barrio e instituciones, la que en palabras de Escalante, vuelve “determinante, insoslayable”, citar el pasado en tanto explica el presente: la vida en comunidad articulada en torno a tres ejes: la biblioteca, el Club Nueva Aurora y la histórica Escuela República de Bolivia, La Paz 3050. Y por supuesto explica, las casas iguales, centenarias, construidas con materiales importados, replicando casas inglesas, en dos versiones de igual calidad, pensadas en su momento para “dignidad de los trabajadores” y amortizadas en años con cuotas muy accesibles, un valor que hoy deviene en alto índice de protección, el límite de construcción en el barrio es de tres pisos.
Conservar la uniformidad
Conservar la uniformidad, a pesar de modificaciones menores, y la memoria, afianzan los vínculos y sostienen la hipótesis de Escalante, el pasado explica el presente. “En la década de 1990, llegaron nuevos vecinos que reciclaron las casas, con condición económica alta, y la composición social se volvió heterogénea, cambió la ideosincracia, quedamos mixturados, pero con el objetivo de sumarlos, por eso trabajamos con las instituciones con cierta efectividad”, dice. Y anota a la biblioteca para lograrlo. Un lugar cuidado, amplio, con talleres de idioma, apoyo escolar, yoga, coro, ajedrez, folklore, tango, entre otras.
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“Es hermosa”, dicen, y la razón les asiste porque más allá de la estética está la convicción de ser un espacio cultural, de encuentro, de referencia para las escuelas y sobre todo con la conciencia de ser uno de los tres ejes del lugar.
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La Biblioteca Popular Dr. Alfredo Franzini Herrera, uno de los ejes de la vida social del barrio.
“Se trabaja en función de la articulación de los tres ejes, permanentemente sucesivas comisiones directivas siempre nos esforzamos en articular, complementarnos”, explican. Y afirman que: “a pesar del tiempo conservamos cierta ideosincracia de esta pequeña comunidad”.
Nueva Aurora
“El club Nueva Aurora es como una segunda casa, vivo a media cuadra, mis tres hijos hacen actividades allí y mi marido fue su último presidente”, explica Jorgelina Juarez, que en la actualidad preside la institución de Riobamba 2970, que todos ubican “en el corazón del barrio”. Cursa su segundo mandato con la convicción de que es “como devolver un poco a la sociedad aportando tiempo para trabajar para una institución que es de todos quienes la integran, es lo maravilloso de los clubes”, entiza. Y agrega que forma parte de “un grupo de gente que venimos trabajando hace varios año, con muchas cosas en marcha que al hacerlas con tanto esfuerzo y pocos recursos económicos lleva tiempo”.
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Con más de 500 socios, “ordenado y funcionando”, el Nueva Aurora, fundado en 1940, no sólo es epicentro del barrio, también es su corazón social y deportivo, el lugar del encuentro entre vecinos, el de las fiestas de fin de año con buffet, banda y baile, de los exitosos carnavales y el que brinda su espacio para cuando hay una reunión o una preocupación en el barrio. “La gente lo reconoce y lo quiere y eso ya es un montón en esta época de gran soledad”, destaca y dice que lo asimila a las plazas de antes donde se juntan vecinos que se conocen desde siempre.
Un barrio que es «casi un pueblo»
“Es un barrio particular, es casi un pueblo, te conocés con todo el mundo y se generan esos vínculos que son especiales”, dice Misael Alasino, que nació y creció en el lugar y años atrás, junto a en ese momento otros jóvenes, participó en dar potencia a la recuperación formal del club que se había realizado y que había puesto “varias cosas en regla”, y que el grupo de jóvenes, varones y mujeres, sumaron fuerza y trabajo para fortalecer el auge.
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El auge tuvo su correlato en las actividades. Gabriel González es licenciado en educación física y entrenador de handball, que en el último año “creció exponencialmente”, relata. Y agrega que el club “está inserto en el barrio interactuando con las otras instituciones y con una muy buena gestión de la presidenta”. La oferta deportiva se completa con: futsal, atletismo, taekwondo, patín artístico y de carrera, gimnasia funcional y zumba, entre otras. Un club de barrio que late con vida propia al lado de sus gigantes vecinos del Parque Independencia y un barrio que es orgullo de quienes lo habitan.
