El dólar cae más de 4% este año mientras que la inflación sigue al alza: el tipo de cambio real vuelve al valor de 2017

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El veranito cambiario no se interrumpió ni con el sacudón financiero global que se dio desde que comenzó marzo y se desató la guerra en Medio Oriente. Con el dólar en baja y una inflación que no cede, el tipo de cambio real volvió a los niveles que ostentaba en 2017.

Aquel año terminó marcado por el déficit comercial, la salida de dólares por turismo y entrada de capitales «especulativos«: inversores internacionales que hacían carry trade y que ante un cambio de condiciones globales salieron intempestivamente del peso argentino, lo que a comienzos del año siguiente derivó en la crisis financiera en el último tramo del gobierno de Mauricio Macri.

Los datos surgen de un informe de la consultora LCG, que destacó que la «baja del tipo de cambio nominal e índices de inflación todavía altos, más que compensan la depreciación del dólar contra otras divisas. En lo que va del año el tipo de cambio real multilateral se apreció 7,7%».

Así, por efecto del «super peso», el tipo de cambio real volvió a niveles comparables con los que tenía en 2017 y se aleja del nivel mínimo acordado con el Fondo Monetario Internacional, que a precios actuales se encontraría cercano a los $1.636.

La comparación con 2017 puede asustar, pero los economistas de LCG encontraron un mapa de «similitudes y diferencias» entre «la foto» actual y la de aquel momento. Y una que cobra peso es la existencia de Vaca Muerta como un actor clave en el esquema cambiario. «Pasamos de un déficit energético pronunciado a un superávit energético cada vez más generoso. En otras palabras, Vaca Muerta está corriendo la “restricción externa”, esto es, permite tolerar mejor los atrasos cambiarios«, comentaron.

Esa mejor «tolerancia» esta dada por el ingreso de «dólares energéticos», que según LCG aumentará en línea con la suba del precio internacional del petróleo: «Ayuda a equilibrar la cuenta, incluso con el dólar a $1.400″.

De esta manera. los dólares del agro, del sector petrolero y las emisiones de deuda corporativa actúan como un colchón que sirve para corregir, aunque en cierta parte, los efectos del atraso cambiario.

«Tenemos márgenes afectados en varias empresas, pero no tenemos síntomas en la balanza de pagos. Esta enfermedad (holandesa) es asintomática al principio, pero está. Hoy de hecho ya empezó a mostrar síntomas en su impacto en empresas y en el empleo. Puede madurar de a poco, pero el desenlace (en una forma distinta a la de una crisis de balanza de pagos) puede ser repentino», advirtieron en LCG.

En este contexto, la capacidad del Banco Central de sostener el ritmo de acumulación de reservas de resulta clave.

«En lo que va de marzo el BCRA acumula compras por US$ 586 millones, mientras que en lo que va del año el saldo asciende a US$ 3.301 millones«. detallaron por su parte en Invecq. «Si bien el ritmo de compras resulta levemente menor al observado en semanas previas, lo positivo es que el Banco Central continúe acumulando reservas incluso en un escenario internacional más complejo, lo que refuerza la importancia de que esta tendencia se mantenga y pueda acelerarse en las próximas semanas», agregaron.

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